Seguro que alguna vez te has preguntado por qué cometemos los mismos errores una y otra vez. Lee hasta el final y lo comprenderás.

Cuando te hablo de repetir errores, creo que ya sabes a lo que me refiero:

  • Repetir malas experiencias de pareja con el mismo tipo de persona.
  • Tomar las mismas malas decisiones respecto al dinero.
  • Meter la pata en las relaciones una y otra vez.
  • Emprender proyectos e ideas que siempre te llevan al fracaso.
  • Equivocarte y elegir siempre la peor opción…

Y podríamos seguir y seguir con el listado. Porque el dicho se equivoca: el ser humano no tropieza dos veces con la misma piedra, sino muchas más.

Pero, ¿Te has preguntado alguna vez por qué lo hacemos? ¿Qué nos lleva a hacer una y otra vez algo que claramente nos perjudica?

En realidad la explicación está en un instinto, el mismo que nos permite aprender a andar en bicicleta.

Recuerda por un momento: comienzas a andar en bicicleta, te da miedo, te caes y te haces daño. Pero no vas a dejar que una bicicleta te venza. Repites y te vuelves a caer. Y repites, hasta que al final aprendes.

Es un instinto de repetición que impide que nos rindamos aunque las cosas salgan mal. Pero tiene algo malo: es inconsciente.

Y al ser inconsciente, no nos damos cuenta de que lo estamos utilizando. Por eso, cada vez que nos equivocamos o metemos la pata, a menudo solemos repetirlo. Esperamos vencer las dificultades a base de insistencia, no de inteligencia.

Y no tienes nada de lo que avergonzarte si te ha sucedido alguna vez. En realidad, le ha sucedido a casi todas las personas, lo confiesen o no.

Cuando estamos repitiendo un error que ya nos ha salido mal otras veces, en realidad estamos diciendo: “Oye, voy a repetir la situación de la última vez, pero esta vez sí que voy a conseguir un buen resultado, ya lo verás”. Y, como siempre, fracasamos.

Imagino que ya te estarás preguntando: ¿Y cuál es la solución?

Lo bueno es que la solución es bastante más sencilla de lo que creemos: consiste en darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Porque cuando nos damos cuenta de lo que estamos haciendo, este instinto pasa a hacerse consciente y nos damos cuenta de que en ciertos temas, por mucho que insistamos, no conseguiremos mejores resultados.

La solución no es rendirse, sino hacer las cosas de forma diferente. Porque si siempre hacemos lo mismo, siempre obtendremos los mismos resultados.

Tenemos que dejar de relacionarnos con parejas o personas que sabemos que nos van a hacer sufrir, tenemos que dejar de ponernos en situaciones sociales imposibles, tenemos que dejar de comportarnos como si todo fuera posible con sólo insistir, tenemos que dejar de perseguir fantasías que en realidad no son importantes.

Y tal vez, también tengamos que aprender nuevas habilidades y formas de hacer las cosas.

Tenemos que comprender que no hace falta vencer siempre. Hay situaciones que me van a perjudicar siempre y lo mejor es evitarlas. Esta es una lección que todas las personas tenemos que aprender tarde o temprano, porque no es lo mismo perseverar que ser una persona obstinada. En realidad, es un aprendizaje de humildad, con el que aprendemos que no somos omnipotentes.

Bien, ahora que ya eres consciente de lo que sucede, sólo tienes que hacer una pregunta: ¿Qué tengo que cambiar para que no me vuelva a suceder?

Si contestas con sinceridad a esta pregunta y tomas las medidas oportunas… ya has hecho más que la mayoría de las personas, que ni siquiera se dan cuenta de que tienen ese problema.

Te puedo asegurar que la mayor parte de las veces en la que repetimos errores una y otra vez, estamos utilizando fórmulas que aprendimos hace ya mucho tiempo. Llevamos haciendo lo mismo toda la vida y ya hemos conseguido todo lo que podíamos conseguir.

Es momento de cambiar, de madurar, de aprender y de poner en práctica medios y objetivos que de verdad funcionen.

Te aseguro que la próxima vez que tengas la tentación de cometer el mismo error, serás más consciente, tendrás más cuidado y te será más fácil evitarlo.